El primer Madrid-Buenos Aires de Iberia: 36 horas, escalas y solo 24 plazas
Un Douglas DC-4 partió de Barajas el 22 de septiembre de 1946 rumbo a Argentina. El viaje requería varias escalas, los primeros servicios regulares solo ofrecían 24 plazas y el billete podía superar las 20.000 pesetas si se compraba de ida y vuelta.
Hace 80 años, volar entre Madrid y Buenos Aires era una experiencia muy diferente a la actual. El 22 de septiembre de 1946, un Douglas DC-4 de Iberia despegó de Barajas rumbo a la capital argentina en un viaje que necesitó aproximadamente 36 horas de vuelo y varias escalas para completar el cruce del Atlántico.
Aquella primera expedición pasó por Villa Cisneros, en el entonces Sáhara español; Natal, en Brasil; y Río de Janeiro antes de alcanzar Buenos Aires. El avión aterrizó finalmente en el aeropuerto de Morón tras algo más de dos días de viaje, aunque el tiempo efectivo de vuelo rondó las 36 horas.
El vuelo del 22 de septiembre tuvo, en realidad, carácter de estudio y apertura de la ruta. No transportaba pasajeros de pago: a bordo viajaban directivos de Iberia, representantes de la Administración española, técnicos y personal de la compañía. La expedición debía comprobar sobre el terreno la viabilidad de una conexión regular entre España y Argentina.
Su puesta en marcha situó a Iberia entre las compañías que retomaron las conexiones aéreas transatlánticas tras la Segunda Guerra Mundial. De hecho, fue la primera aerolínea en ofrecer un servicio regular entre Europa y Sudamérica tras el conflicto bélico.
Una frecuencia cada 10 días
En menos de un mes la ruta se abrió al público. El 15 de octubre de 1946 comenzó a funcionar regularmente la denominada línea 1215, inicialmente con una frecuencia cada diez días. Posteriormente pasó a operarse semanalmente, a partir de 1948.
La operación regular incorporó también Montevideo al itinerario. El avión salía de Madrid y realizaba escalas en Villa Cisneros, Natal y la capital uruguaya antes de llegar a Buenos Aires. En algunos servicios se mantuvo también Río de Janeiro.
Las condiciones de viaje estaban muy alejadas de las actuales. El Douglas DC-4 tenía capacidad teórica para 44 pasajeros, pero en los primeros vuelos solo se comercializaban alrededor de 24 plazas. Parte de la cabina estaba ocupada por cuatro literas y asientos destinados al descanso de las tripulaciones que se relevaban durante un trayecto de semejante duración.
El vuelo también está ligado a otro episodio de la historia de Iberia: en aquellas primeras operaciones transatlánticas comenzaron a incorporarse mujeres como personal de cabina, las entonces denominadas azafatas.
Más de 11.000 pesetas por un billete de ida
El precio refleja hasta qué punto viajar en avión a través del Atlántico estaba reservado a una minoría. Según los datos de Iberia, un billete desde Madrid costaba 11.435 pesetas solo ida y 20.583 pesetas ida y vuelta. Facturar una maleta suponía otras 114,35 pesetas.
Desde Buenos Aires, las tarifas eran de 3.381 pesos moneda nacional por un trayecto y 6.086 pesos ida y vuelta. Conviene precisar que se trataba del peso moneda nacional, la divisa argentina utilizada entonces, y no del actual peso argentino.
Las cifras son difíciles de trasladar directamente a dinero actual debido a ocho décadas de inflación y, especialmente en Argentina, a los sucesivos cambios monetarios. Aunque algunas estimaciones sitúan el coste de aquellos billetes en un orden de magnitud cercana a los 18.000 dólares actuales, lo que da una idea del carácter exclusivo que tenía el transporte aéreo de largo radio en los años cuarenta.
Un viaje transatlántico que requería días
El propio desarrollo del trayecto explica parte de ese coste. Cruzar el Atlántico entre Villa Cisneros y Natal suponía unas 13 horas sobre el océano, y las escalas no siempre tenían una duración previsible. En aquel primer viaje de septiembre, por ejemplo, problemas administrativos en Brasil retrasaron la expedición y obligaron a modificar parte del recorrido previsto.
Los primeros pasajeros de la línea regular también tenían que afrontar trámites que hoy resultarían insólitos. Antes de viajar debían presentar documentación, certificados médicos y formularios necesarios para obtener los visados correspondientes a los países incluidos en el itinerario.
El regreso tampoco era una operación continua. En determinados servicios se hacía noche en Villa Cisneros, donde llegó a existir un parador para alojar a viajeros y tripulantes antes de continuar hacia Madrid.
De 36 horas a tres vuelos diarios
Ocho décadas después, la diferencia resulta especialmente visible. Iberia opera actualmente tres vuelos diarios entre Madrid y Buenos Aires, principalmente con Airbus A350-900, y durante junio, julio y agosto de 2026 llegó a alcanzar cuatro operaciones diarias.
El trayecto directo actual ronda las 12 horas, frente a las aproximadamente 36 horas de vuelo y varias escalas que necesitaban aquellos primeros DC-4. Más allá del aniversario, la comparación permite observar cuánto han cambiado en 80 años la tecnología, la capacidad de los aviones y, sobre todo, la accesibilidad del transporte aéreo de largo radio.


