Túnez. Todo a punto para convertirse en perfecto destino MICE

Pues sí, así es en Túnez. Siempre lo fue, sin duda. Pero ahora más que nunca. Lugares emblemáticos, vestigios históricos, magníficas playas, un increíble desierto, espectaculares campos de golf y maravillosos parajes para practicar deportes… Todos ellos, unido al carácter amable y acogedor de sus gentes, le permite atraer cada año a un gran número de visitantes. Pero es que además, la gran variedad de lugares originales de los que dispone Túnez y sus buenas conexiones vía aérea con las principales capitales europeas, hacen del país un destino óptimo para el turismo de reuniones, incentivos, congresos y exposiciones, conocido con el acrónimo MICE.

Aquí, en nuestro país, la compañía aérea de bandera tunecina cuenta con varios vuelos directos semanales desde las ciudades de Madrid y Barcelona a Túnez capital, con una duración de alrededor dos horas.

En lo que respecta a sus infraestructuras, se puede elegir entre un amplio abanico de establecimientos hoteleros y otros espacios completamente capacitados para acoger eventos de esta índole. Las agencias de viajes receptivas tunecinas realizan programas adaptados a sus clientes y a la temática del encuentro para garantizar un acontecimiento perfecto.

Su riqueza turística, cultural y gastronómica es otro de sus principales atractivos, con una nutrida historia marcada por la sucesión de civilizaciones de África, Oriente y Occidente, que le ha hecho merecedor del título de Patrimonio de la Humanidad concedido por la UNESCO.

Túnez aglutina numerosas opciones de viaje, con actividades para todos los gustos ideales para team building: desde jugar al golf en alguno de sus campos, hasta relajarse en uno de sus muchos centros de talasoterapia, pasando por practicar deportes en el mar o en el desierto, entre muchos otros.

En el Gran Erg Oriental del Sahara es posible pasear a lomos de un dromedario, surcar las dunas a bordo de un quad, sobrevolar el desierto en un ala delta a motor o recorrer las espectaculares gargantas de Wadi Selja en el Lagarto Rojo, un tren de madera de 1920.

La magia que desprende el atardecer sobre las dunas hacen del desierto un espacio idóneo para organizar degustaciones de platos tunecinos en una confortable jaima bereber o bien, en una jaima “caidal”, donde organizar grandes reuniones, congresos o cenas de gala.

Igualmente, esta zona cuenta con enclaves originales para eventos como los decorados de las películas de La Guerra de las Galaxias, rodadas en el Sahara y sus alrededores, o los “ksour”, antiguos graneros bereberes que han sido restaurados.

Por su parte, la bella isla de Djerba también ofrece múltiples posibilidades para el turismo MICE, ya que cuenta con un aeropuerto internacional y numerosos hoteles de categoría superior con todos los servicios necesarios y salas de reuniones de gran capacidad. Además, existen otros espacios originales y de lo más idóneos para celebrar eventos, como los “foundouks”, posadas antiguas; viviendas tradicionales restauradas y reformadas en hoteles; y, entre otros, el parque temático Djerba Explore.

Al noroeste del país, el anfiteatro romano de El Djem se alza como uno de los sitios más impresionantes donde organizar acontecimientos de gran envergadura. Los hoteles de lujo repartidos por esta franja del litoral también disponen de salas de congresos y reuniones que reúnen todas las condiciones óptimas, mientras que los pueblos bereberes de la zona pueden aportar espacios y visitas con un matiz más cultural y rústico.

En la zona norte comprendida entre Hammamet y Cap Bon se erigen infraestructuras más modernas como el Medina Convention & Expo Center, el Palacio de Congresos de Hammamet o la fortaleza de Hammamet, que data del siglo XV.

Para finalizar, Túnez capital aúna tradición y modernidad en espacios como el Palacio de Congresos, el Parque de Exposiciones, el Centro de Comercio Internacional de Kram, el Museo del Bardo, el Centro Internacional de Congresos de Utica, el complejo Tunis Arena y, entre otros, la antigua catedral de San Luis, situada en Cartago, ideal para eventos culturales.

TÚNEZ CAPITAL, PUERTA DEL MAR

Hay destinos recurrentes, hechos para durar. Uno puede irse al otro extremo del mundo o complicarse la vida con esforzados itinerarios y, sin embargo, muchas veces deseamos volver a casa antes de tiempo. Túnez es otra cosas. No hay que estar más de dos horas en un avión y, de repente, aparece un auténtico mundo aparte.

El tunecino es tranquilo y emprendedor, juiciosamente moderno y amante de sus tradiciones, siempre con un toque se savoir vivre, fruto del sofisticado patrimonio de su memoria. No soy el único que se deshace en alabanzas al hablar del país. Sé de algunos que han acabado comprando una casa en la isla de Djerba o, sencillamente, han convertido Túnez en una cita anual a la que no faltan nunca.

En la Puerta del Mar (Bab El Bahar) iniciamos nuestras más felices caminatas. La calle Yamaa Ez-Zituna, seguida de la Tamis, nos llevan a los zocos tradicionales de la medina. Es el mercado más extenso y completo del país. Estamos, también, en el lugar perfecto para visitar algunas de las mezquitas más hermosas. Bajo el sol resplendece la blanca Mezquita del Viernes, conocida como Mezquita del Olivar, certero símbolo del país.

Al sur, el barrio andalusí exhibe en sus mansiones la propesridad que trajeron estos refugiados de España. En la calle del Pacha, son los palacios de los funcionarios turcos los que brillan con su exquisita cerámica importada. Redondean la visita a la medina la mezquita de Sidi Mahrez y la antigua judería cercana de Hafsia.

LA COSTA GLORIOSA: CARTAGO, HAMMAMET Y EL DJEM

La costa de Túnez es mi margen favorita de toda la cuenca del Mediterráneo. La Luz y el azul celeste de esta orilla africana se dieron de la mano con la inspiración humana, para crear las paginas más soberbias de la historia del Mare Nostrum. Estamos hablando, sin duda, de Cartago. Durante un milenio, desde su fundación en 814 a.C. hasta su abandono en el siglo VII, Cartago irradió toda la vitalidad y el ingenio de que es capaz una civilización.

Lo mismo sucede en nuestros continuos recorridos costeros: las blancas cúpulas y calle sinuosas de Hammamet; y nada más impactante que la perla final que nos aguarda surgiendo de la árida llanura: el anfiteatro romano de El Djem. Prueba de su antigua properidad, éste era el tercer coliseo de la Antigüedad, acogiendo a 27.000 espectadores.

LA RUTA DE LOS KSOUR

Las tribus bereberes de la región de Matmata se refugiaron antaño en esta comarca montañosa, muy erosionada por el agua y el viento, lo que les permitió construir viviendas bajo la gruesa capa de arena y arcilla. De este modo, dieron lugar a un original tipo de arquitectura local, única en el mundo, que les protegía del duro clima estepario de la zona. Las llamadas cuevas de trogloditas crean un paisaje de aspecto lunar que en realidad se debe a la mano del hombre.

En el extremo sur del país, la ruta de los ksour conforma otro gran aliciente turístico. Estos alcázares o fuertes cerrados, también conocidos como los castillos del desierto, se levantaron formando varios pisos de silos yuxtapuestos, con celdas abovedadas o “gorfas” que servían de granero, despensa y refugio. Algunos de ellos se han habitilitado como hoteles con todas las posibilidades.

ISLA DE DJERBA, ESPÍRITU MEDITERRÁNEO

No existe en el Mediterráneo una isla tan legendaria y cautivadora como Djerba. Todo en ella es luz, encanto y seducción. Situada en el golfo de Gabés, Djerba podía haber sido, por su latitud, una isla semidesértica e inhóspita. Pero su magía hizo de ella todo lo contrario, un oasis de plenitud, un milagro flotante en el azul turquesa de las aguas del Mediterráneo.

Hoy, Djerba se ha convertido en refugio para muchos que vienen a disfrutar de sus playas y excelentes infraestructuras hoteleras, pero la antigua esencia mediterránea pervive. Entre el perfume de sus jardines, a la sombra de las melácólicas palmeras, uno nota que el hechizo sigue horadando los límites que nos imponen el tiempo y el espacio.

Así es como he visto yo a Túnez recientemente. A menudo me pregunto cuándo voy a despertar y sigo con la creencia que eso nunca sucederá. Así pues, siempre estoy seguro de que volveré, que habrá una próxima vez… Para seguir soñando.

Oriol Pugés

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